No es fácil perdonar o, al menos, es una tarea que puede resultar difícil para ciertas personas. Si tenemos un alto sentimiento de orgullo y ego, permitir que aquellos que nos han hecho daño regresen a nuestra vida, o aceptar sus disculpas, podria darnos a entender que, de alguna manera, estamos ‘perdiendo’ en la confrontación que tenemos con quién nos han ofendido.

En realidad no estamos perdiendo. Si somos sinceros al respecto, aquellos que perdonan estan gananado, ya que como dice el proverbio, puede ser un alivio dejar fluir agua bajo el puente.

Pero ese perdon debe ser autentico y no finjido. Si no estamos dispuestos a perdonar, no tenemos por qué hacerlo.

Es importante saber lo que es bueno para nosotros hoy, mañana y en el futuro. Hay que ser capaz de conceptualizar aquellos aspectos de nuestra vida y nuestro caracter que nos pemitiran estar en armonia con nosotros mismos. Ya que cuando logremos alcanzar ese estado de control no solo nos beneficiamos nosotros, si no que también haremos que se aprovechen de ello nuestra familia, las personas que nos rodean y, con suerte, incluso la persona que nos ha agraviado. Las personas débiles no tienen la fuerza para cuidar de tanta gente o para pensar en hacerlo desinteresadamente.

La fuerza es lo que necesitamos para perdonar y asimilar una agresión hasta llegar al punto en el que somos capaces de perdonar. Pero llegados a ese punto no solo sabemos perdonar, también sabemos cuándo y dónde se debe trazar la línea roja de no retorno. En otras palabras, sabemos cuándo los demas se aprovechan de nosotros y cuándo tienen realmente buenas intenciones.

Libro recomendado: Ghandi, autobiografía. Historia de mis experiencias con la Verdad 

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Perdón vs Rencor

Llegados a este punto la pregunta que quiero hacerte es la siguiente, ¿cómo te comportas frente al agravio?

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Además no olvides que todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho.